Algunas expresiones futbolísticas de mi padre

Paulo Futre en su etapa en el Atlético de Madrid, uno de los jugadores más venerados por mi padre.
Paulo Futre en su etapa en el Atlético de Madrid, uno de los jugadores más venerados por mi padre.

Hace ya más de seis años que mi padre nos dejó y, a pesar de todos estos años, apenas hay días en los que no me haya acordado de él. Casi todos los días tienen algún momento en el que surge alguna anécdota que me invita a preguntarme qué hubiese dicho mi padre sobre ella; y en muchos de estos momentos me sumerjo en una conversación interna con él, una práctica de mi particular religiosidad que para mí es la mejor manera de seguir sintiendo vivos a quienes nos dejaron.

Hoy, 27 de abril de 2015, el 81º aniversario del día del  nacimiento de mi padre, quiero hacerle un pequeño pero muy entrañable homenaje. De aquellas tantas cosas que surgen en la vida cotidiana y me hacen recordarlo, algunas de ellas aparecen cuando estoy viendo algún partido de fútbol en el que ocurren acciones para las que él tenía una expresión que repetía con bastante frecuencia cuando veíamos juntos el fútbol.

Mi padre era del Atlético de Madrid, y aunque a él le hubiese gustado que yo lo fuera también, una serie de enrevesadas influencias a mi alrededor en mi etapa infantil hicieron que yo me decantara por el Real Madrid. Así pues, parafraseando a Arrigo Sacchi, esta rivalidad por nuestras diferentes aficiones futbolísticas ocuparon una parte importante entre las cosas menos importantes de nuestra relación. Llegó un momento incluso en el que no podíamos ver los derbis madrileños juntos; la batalla verbal podía llegar a extremos poco saludables. Sin embargo, cuando jugaba la Selección Española, sobre todo en las fases finales de las competiciones internacionales, los mundiales y las eurocopas, la cosa era distinta, y podíamos ver el partido con bastante más armonía, aunque no faltaba algún que otro reproche de manera recíproca por algunos de los jugadores de nuestros respectivos equipos que jugaban en la Selección. Con todo, siempre me he sentido buen simpatizante del Atlético de Madrid, y desde que mi padre se fuera, todavía más. Sobre todo, me hubiese gustado que mi padre hubiese podido disfrutar con los últimos trofeos que ha ganado el Atleti y de la buena etapa que atraviesa como un equipo grande y luchador que ha recuperado gran reconocimiento internacional.

A continuación reproduzco algunas de las expresiones futbolísticas típicas de mi padre que le oía decir cuando veíamos partidos de fútbol juntos. Tal vez, todas o algunas, no sean expresiones de suyas propias, esto es, que es muy posible que antes se las oyera a otros que luego él se apropió de ellas e introdujera alguna variante. Sea como fuera, yo las recuerdo en su boca, y hoy las repito yo y lo menciono cuando surge la ocasión.

Si no está el portero es gol

Con esta expresión mi padre se refería a aquellas jugadas en las que algún jugador lanza a puerta pero con fuerza escasa y sin capacidad de sorpresa, de manera que el portero tiene tiempo más que suficiente para atajar la pelota. Mi padre usaba esta expresión de manera irónica, pero al menos valoraba que el disparo fuera entre los tres palos de la portería, diferenciándolo de aquellos que se iban a las nubes. Sin duda, esta es una de las frases que yo más repito cuando veo alguna acción similar en los partidos de fútbol que veo.

Al suelo vas

Mi padre tenía esta expresión reservada para aquellos jugadores rápidos y escurridizos que cuando cogen la pelota en algún contraataque peligroso la manera más probable de que pierdan la ocasión es que que algún jugador del equipo contrario les derribe en falta. Mi padre decía mucho esta frase cuando Paulo Futre, jugador que veneraba en su etapa en el Atlético de Madrid, realizaba alguna internada peligrosa en el área del equipo contrario. Naturalmente, en los partidos que más le oí decir esta frase era en los derbis madrileños.

Ya tenemos medio gol

La expresión más optimista de mi padre cuando la Selección Española jugaba con algún rival que a priori era superior a nosotros. Mucho antes de la brillante etapa de la Selección en la que logró ganar de manera consecutiva dos Copas de Europa y un Mundial, existía siempre cierta percepción de inferioridad contra rivales como Italia, Alemania, Inglaterra, Brasil, etc. Cuando alguno de estos rivales se cruzaba en alguna eliminatoria con España, mi padre veía el partido con mucha ilusión pero con una buena dosis de realismo escéptico con el que sabía que ganar sería una hazaña casi imposible. Así, durante el partido ante este tipo de rivales, puesto que las ocasiones claras a favor de la Selección Española eran muy escasas, el hacía una invitación al optimismo al contar los saques de esquina a favor como ocasiones claras de gol. Esta es una expresión que yo también repito en aquellos partidos que mi equipo dispone de muy pocas ocasiones porque el rival se presenta como duro de pelear.

Penalti-gol es gol

Esta expresión no sólo se la oía decir a mi padre, pero él la decía con frecuencia. Se trata de una expresión que hace más de dos décadas se solía decir mucho; hoy no tanto, debido a que se usa más la expresión de la que es consecuencia: “el árbitro ha aplicado la ley de la ventaja”. La frase “penalti-gol es gol” se refiere a aquellas jugadas en las que un jugador recibe  falta dentro del área, esto es, penalti, pero que aún así la jugada continúa con la consecución del gol, de tal manera que si el árbitro pitara penalti perjudicaría al equipo que marcó el gol porque existiría la posibilidad de que el penalti no lo marcaran.

¿Qué ha hecho el Real Madrid?

No cabe duda de que esta pregunta no es una expresión típica de alguna acción concreta de un partido de fútbol, pero mi padre me hacía esta pregunta en algunas ocasiones. En realidad él ya sabía la respuesta. Mi padre era de los que escuchaban todos los partidos radio en mano pegada a la oreja. Así, sólo me hacía esta pregunta cuando sabía que el resultado había sido negativo para el Real Madrid con el fin de chincharme un poco. Naturalmente que yo también le hacía la misma pregunta cuando el resultado era muy abultado a favor del Real Madrid o le preguntaba por el Atleti cuando sabía que había perdido.

Seguramente mi padre tenía otras expresiones futbolísticas que ahora mismo no recuerdo. Cuando recuerde alguna más intentaré incluirlas igualmente en este post. Lo importante es que éstas son para mi expresiones muy nostálgicas porque me hacen revivir aquellos apreciados momentos que compartía con mi padre viendo fútbol y hablando de fútbol. Muchas gracias por compartirlos conmigo, papa. Un beso muy fuerte.

Rubén Crespo

27 de abril de 2015

Cita de “Camarón que se duerme (se lo lleva la corriente de opinión)”

Camarón que se duerme_El Roto

Así pues, cegados y ensordecidos por los medios audiovisuales y mudos por el uso reiterado de palabras e ideas ajenas, resulta necesario apartarse de esa arrolladora corriente y, a salvo en cualquiera de sus riberas, ver pasar su estruendo y echar una mano o acercar una rama a aquellos que, arrastrados por las enloquecidas aguas, pidan ayuda.

EL ROTO: Rabago García, Andrés. 2012. Camarón que se duerme (se lo lleva la corriente de opinión). Barcelona: Mondadori. Citado en:  Arribas Macho, José María, Ángel de Lucas Matilla, Beatriz Mañas Ramírez, and Mario Ortí Mata. 2013. Sociología del consumo e investigación de mercados: una guía didáctica. Retrieved April 20, 2015 (http://site.ebrary.com/id/10804026).

Notas sobre aspectos bio-psico-sociales de la felicidad

Felicidad_bps

Que nadie dude que somos seres bio-psico-sociales, sin embargo determinar el porcentaje de cada una de estas tres dimensiones que nos constituyen resulta una empresa demasiado ambiciosa, y tengo mis dudas en que cualquier resultado obtenido en este sentido se le pueda conceder un ápice de veracidad.

Es cierto, como ya nos dice Edward O. Wilson, que muchos de los rasgos que forman parte de nuestro acervo genético intervienen en la capacidad de generar en nuestro cerebro determinadas emociones que, a su vez, influyen en nuestras conductas. Y estas conductas producen un curioso y poderoso efecto de objetividad en nosotros (como bien indagó D. Hume) debido a la “vivacidad e inmediatez” de nuestras experiencias emocionales personales (como, por ejemplo, el amor incondicional que sentimos por nuestros hijos), esto es, un efecto automático psicobiológico del que apenas nos percatamos, que nos hace distinguir por nosotros mismos aquello que valoramos como “lo bueno”, “lo bello” y “lo verdadero” (como diría Luis Castro Nogueira).

No hay problema, por tanto, en admitir que existan determinaciones genéticas en nuestra conducta (a pesar de que los “culturalistas” más radicales sigan echándose las manos a la cabeza cada vez que leen u oyen una afirmación así). El problema empieza a la hora de saber por cuánto estamos determinados genéticamente. Si se dice que la felicidad que experimentamos tiene un componente genético, pienso que hoy pocos lo pondrán en duda, pero si se estima ya un porcentaje de tal determinación, las sospechas saltan a la palestra; seguramente, porque cada individuo (cada niño, cada niña) es un ser único irrepetible -eso sí lo sabemos con certeza-, y porque la biografía personal que nos vamos tejiendo depende de una interacción permanente entre genes y medio (tanto el medio natural como el medio sociocultural). Así, pues, intentar descubrir nuestras predisposiciones genéticas más universales nos puede servir para fijar un “marco de restricciones” dentro del proceso de la evolución cultural, pero, desde luego, esto no quiere decir que tales restricciones señalen un único camino para la evolución cultural de la sociedad que se estudie, ni que en cada caso individual de los miembros de tal sociedad pueda determinarse el papel exacto de cada factor (bio/psico/social) que interviene en sus conductas, en sus preferencias y rechazos. Tendemos a conceder más importancia a los parecidos que tenemos con nuestros padres, y olvidamos con mucha frecuencia lo que nos diferencia, y esto último es lo que nos hace especialmente seres únicos e irrepetibles.

En conclusión, la dimensiones biológica, psicológica y social de nuestra especie se hayan fuertemente vinculadas, y en los asuntos humanos no podrá comprenderse una sin las otras dos. Sin embargo, someter cada una de estas dimensiones a la cuantitofrenia, matematizarlas de manera que se pueda hablar de nuestra naturaleza humana como una suma o una receta de ingredientes exactamente calculados, no se trata sólo de un ejercicio dudoso, sino que además contribuye a cierto desencantamiento sobre nuestra singularidad humana.

Por lo demás, recomiendo los 8 consejos que se recogen en el artículo (objeto de mi crítica) de infosalus.com sobre el libro Queremos hijos felices. Lo que nunca nos enseñaron (de 0 a 6 años) de la psicóloga infantil Silvia Álava Sordo.

Rubén Crespo

20 de marzo de 2015

Unas breves palabras para Luis Castro Nogueira

De izquierda a derecha: Luis Castro, Miguel Ángel Castro, Rubén Crespo y Laureano Castro | Foto. RC
De izquierda a derecha: Luis Castro, Miguel Ángel Castro, Rubén Crespo y Laureano Castro | Foto: RC

En tu 63º Aniversario, Luis Castro, la burbuja sinneóntica de tu obra que invita a entretejerse e im-plikarse en una sociología más fresca y heurística sigue viva, y cobrará más vitalidad con el paso del tiempo.


 

Unas breves palabras en homenaje al profesor Luis Castro Nogueira*

 

Muchas gracias por la amabilidad con la que siempre me atendiste desde el principio; por las reflexiones y las sugerencias que proponías a mis preguntas; por haberme enseñado las maravillosas posibilidades que tiene hoy el “programa naturalista” (biología evolucionista, neurociencias, sociobiología, ecología cultural, psicología evolucionista y las ciencias de la vida en general) para las ciencias sociales, de manera que se pueda abordar el tema de la “naturaleza humana” de una forma auténticamente empírica sin especulaciones filosóficas esencialistas.

Muchas gracias por haberme introducido en ese “metainvernadero del ser” que es el del “Homo Suadens”, donde hemos encontrado más sentido en las prácticas y las emociones que en los meros contenidos de los “retablos categoriales”.

Muchas gracias por haberme enseñado frases como: “… toda propuesta ideológica entraña siempre una axiomática en la que sólo cabe discutir racionalmente acerca de las tesis derivadas (teoremas), pero no de sus axiomas o principios, que dependen enteramente de nuestras preferencias aprendidas” (Revista Empiria, Nº 23-2012, p. 72).

Muchas gracias por esto y por mucho más.

Aún hoy me cuesta asumir que ya no estás ahí para poderte escribir y comentar cosas que siguen interesándome del gran trabajo que has realizado junto a tus hermanos y otros grandes amigos tuyos, para preguntarte sobre tus próximos proyectos, para saber cuánto quedaba de tu nuevo libro junto a MH de Ossorno, “Noviembre de Madrid (1936). De artes, espacios y tiempos. Memorias sin Historia de un episodio de la guerra civil española”.

Con todo, siento y se que seguimos dialogando a través de las relecturas que hago de tus libros, de artículos tuyos que voy descubriendo en diferentes revistas. Todavía me queda mucho por aprender de ti. Me siento en deuda y debo seguir trabajando para comprender muchos de tus escritos que son para mi de una riqueza inagotable.

En mi memoria seguirás siempre (Dios me la conserve); por eso en tantas otras cosas que leo no puedo evitar aplicar el filtro del valioso arsenal epistemológico y metodológico que has puesto a mi (nuestra) disposición y que, al tiempo, se hará justicia en tu reconocimiento dentro y fuera del mundo académico de las ciencias sociales.

Un abrazo por siempre, Luis.

Rubén Crespo

19 de febrero de 2015

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Notas:

El profesor Luis Castro Nogueira, después de varios años batallando contra una grave enfermedad, falleció el día 18 de septiembre de 2014. Luis Castro era profesor titular del Departamento de Sociología I, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la UNED. Para quien siga con frecuencia este weblog, Luis no le resultará desconocido. Desde que conocí a Luis, en Cisolog siempre ha tenido (y tendrá) un lugar especial. Su obra, especialmente su Risa del Espacio y su Naturalismo Suadens, es un semillero de ideas originales que invitan a una nueva sociología. Una sociología con más aire fresco que abre puertas para conocernos más y mejor nuestra auténtica “naturaleza humana”.

La foto de cabecera, junto a los hermanos Castro Nogueira (“Castro Three”, como una vez dijo Luis), fue tomada el día 19 de marzo de 2014 en El Café El Parnasillo después la Tertulia sobre “Movimientos sociales: el retorno de las emociones y el bienestar en la cultura” que Luis ofreció, junto a sus hermanos, un buen puñado de compañeros de su Departamento de Sociología I en la UNED, buenos amigos y algunos estudiantes ilusionados, yo entre ellos. De izquierda a derecha: Luis, Miguel Ángel, el que escribe, y Laureano).

El Ángel de la Historia de Walter Benjamin

"Angelus Novus". Dibujo a tinta china, tiza y acuarela sobre papel, pintado en 1920 por Paul Klee y adquirido posteriormente por el filósofo Walter Benjamin. | Fuente: Wikipedia
“Angelus Novus”. Dibujo a tinta china, tiza y acuarela sobre papel, pintado en 1920 por Paul Klee y adquirido posteriormente por el filósofo Walter Benjamin. | Fuente: Wikipedia

Hay un cuadro de Klee que se llama Angelus Novus. En él se muestra a un ángel que parece a punto de alejarse de algo que le tiene paralizado. Sus ojos miran fijamente, tiene la boca abierta y las alas extendidas; así es como uno se imagina al Ángel de la Historia. Su rostro está vuelto hacia el pasado. Donde nosotros percibimos una cadena de acontecimientos, él ve una catástrofe única que amontona ruina sobre ruina y la arroja a sus pies. Bien quisiera él detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado, pero desde el Paraíso sopla un huracán que se enreda en sus alas, y que es tan fuerte que el ángel ya no puede cerrarlas. Este huracán le empuja irreteniblemente hacia el futuro, al cual da la espalda, mientras los escombros se elevan ante él hasta el cielo. Ese huracán es lo que nosotros llamamos progreso.

Walter Benjamin (1940). «Tesis sobre la filosofía de la historia. Tesis IX». p. 24.

Cada decenio del hombre tiene su propia dicha

Johann Wolfgang von Goethe Imagen Fuente: http://translatoruy.wordpress.com
Johann Wolfgang von Goethe
Imagen Fuente: http://translatoruy.wordpress.com

Hemos conocido una locura que comprendo demasiado bien. El que a cierta edad quiere realizar sus antiguas esperanzas y los deseos que abriga en su juventud, siempre se engaña, porque cada decenio del hombre tiene su propia dicha, sus propias esperanzas y perspectivas. ¡Ay del hombre que por las circunstancias y por su ceguera es inducido a asir lo futuro y lo pasado! Hemos cometido una locura, ¿es preciso que sea para toda la vida?

Goethe en Afinidades electivas (1809)