Recuerdos, un deseo y una definición del amor

25º Aniversario del enlace de Marivi y Antonio

(20 de Junio de 1987)

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Retrato de Marivi y Antonio, realizado por Lola Beneytez

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Cuando empecé a escribir este texto que hoy os leo, antes que entregarlo a deseos sentimentales y románticos sobre el amor y la fidelidad, pensé que sería más valioso entregarlo a los incontables recuerdos que tengo de vosotros ―y con vosotros― en estos 25 años.

Es la memoria uno de nuestros bienes más preciados, no sólo cómo capacidad o facultad de recordar, sino también como el soporte en el que quedan impresas las huellas o trazas del pasado, las que nos van definiendo y nos van haciendo tal y como somos. Y no sólo eso, pues es en la memoria de todos los que nos rodean donde nuestras vidas se extienden, e incluso, donde podemos existir eternamente.

Por ello, quiero hoy evocar algunos maravillosos recuerdos de estos 25 años, recuerdos que he rescatado de mi memoria en estos últimos días. Naturalmente, no os podré leer todos porque ni todos los que he recordado son los que tengo, ni todos los que tengo son los que os puedo leer, si no me extendería mucho.

Antes de que alcanzara ―como se suele decir― el ‘uso de la razón’, vosotros ya llevabais varios años casados. Esto es por la diferencia generacional. Según la literatura sociológica, vosotros estáis entre la generación del “baby boom” y la “X”. Yo estoy en la “Y”, la de los “migrantes digitales”. Rara avis que yo llegara al mundo con esta importante diferencia de años con respecto a Marivi. Nunca he pensado en mi concepción como un error, pero creo que lo mío no debió ser una cosa muy planificada de antemano.

Y esto para mí es importante, pues al estar mi infancia muy vinculada a los primeros años de vuestro matrimonio, habéis sido para mí como unos segundos padres; unos padres, desde luego, más divertidos, que me sacabais por ahí, y yo disfrutaba mucho con vosotros. Recuerdo algunos fines de semana estar encerrado durante muchas horas en casa con mis padres (y que me perdone mi madre aquí presente, y mi padre en otro lugar) a los que yo veía un poco carrozas, pero luego llegaban Marivi y Antonio, y estaba siempre deseando que me preguntaran aquello de “¿te vienes con nosotros?”. No había dudas en mi respuesta.

Como ya he dicho, por la diferencia generacional, apenas tengo recuerdos de mi hermana Marivi antes de que conociera a Antonio. Sólo que compartimos algún tiempo habitación y ella se quedaba dormida con el libro abierto y la luz encendida (cosa que no le gustaba mucho a mi padre… Sobre todo, lo de la luz). Recuerdo que mi hermana se disgustó mucho cuando a mi me dio por ver el efecto que tenía ponerle unos petardos a un coche de colección que le regalaron. También ―pero esto ya no es que lo recuerde, sino que me lo han dicho― se que fue mi hermana Marivi la primera en cogerme en brazos cuando yo nací.

Pero la mayor parte de la infancia la recuerdo con Marivi y Antonio conviviendo juntos. Gracias a ellos mi etapa infantil fue más amena y llena de experiencias inolvidables. Recuerdo muchos fines de semana en los que me quedaba a dormir en su casa: veíamos películas como ‘Érase una vez america’ o el ‘Alguien voló sobre el nido del cuco’; restauramos el viejo villar de mi abuelo Valentín a base de lijar y lijar. En su casa descubrí el disco de ‘Hotel, dulce hotel’ de Joaquín Sabina que tantas veces me gustaba escuchar, y que ―supongo― fue la clave para que hoy sea mi artista preferido; me llevaban al ‘Kinos’, donde me pillé un dedo con una de esas puertas batientes de madera que tenían en el vestíbulo de entrada. Recuerdo ―cómo no― cuando Antonio me compró toda la indumentaria del Real Madrid en unas fiestas de Fuensalida, y me presenté en casa con todo puesto. A mi padre no le hizo ninguna gracia, y yo ya no iba a ser del Atleti, porque Antonio ‘molaba’ más, y yo quería ser como él, del Madrid.

Entré en mi etapa adolescente y mi vida siguió muy ligada a la de Marivi y Antonio. Marivi era una referencia a la hora de solucionar cualquier contratiempo y los trámites de mis estudios, matrículas, becas, etc. Antonio era la referencia para cuando se quería comprar algo más barato de su precio inicial, a saber, su habilidad de ‘regatear’, que yo, hasta entonces, pensaba que lo de ‘regatear’ era sólo una cosa que se le hacía a los defensas en el fútbol.

En esta etapa (Beatriz ya había venido al mundo y David estaba por llegar) yo estaba terminando la EGB en el Colegio San José de Fuensalida. Como podía quedarme los fines de semana y los veranos en casa de Marivi y Antonio ―incluso en la casa de los padres de Antonio, a los que yo consideraba también como familia― me permitía poder salir en Fuensalida con mis amigos del cole. Gracias a ellos, mi socialización en Fuensalida durante esa etapa hizo que hoy, en el pueblo donde vivo, no sea ningún desconocido. Recuerdo lo bien que me lo pasaba en las fiestas de Fuensalida. Primero salía con mis amigos, pero cuando mis amigos se tenían que recoger en sus casas, yo tenía el privilegio de seguir hasta que se hacía de día con mi hermana y mi cuñado en la discoteca la ‘Retos’, acompañado de sus amigos con los que, a pesar de la diferencia generacional, yo me reía un montón. No se me olvidará jamás aquel día en el que montamos los tres en el Opel Corsa de mi hermana para marchar a casa a dormir. Conducía Antonio, y al pasar por delante de la puerta grande de la ‘Retos’, algunos lo vacilaron de que no tendría valor para meter el coche dentro de la pista. Antonio lo intentó, con el fin de seguirles la corriente. Pero mi hermana, que se enfadó mucho ―yo pensé que era porque Antonio lo había aboyado un poco de un lateral―, hizo bajarse del coche a mi cuñado, se montó ella, y cuando pensaba que daría marcha atrás en un acto de sensatez, aceleró saltando los dos espejos retrovisores por los aires y lo metió directamente en la pista de la discoteca. De repente sonó un pasodoble, el de Nerva creo, y cuando me quise dar cuenta, había un montón de gente bailando encima del coche. ¡Qué dislate! Pero con el tiempo me di cuenta de que esta anécdota tenía un significado especial, por cuanto era característica de alguien al que apenas conocí, pero al que recuerdo mucho por su gran leyenda. Lo que no cabe duda es que Marivi y Antonio hicieron honor al nombre de la discoteca la ‘Retos’, es decir, superaron el reto.

La adolescencia, dejó de ser un tiempo donde en los veranos jugaba a las chapas con los amigos, para empezar a echar una mano en la imprenta. Todavía me acuerdo cuando estaba en la Calle Toledo de Fuensalida, debajo de casa de los padres de Antonio. Al principio iba a alzar y tareas de encuadernación. Mi curiosidad hizo que empezara a hurgar en los ordenadores, y mi cuñado intentó capitalizar esa curiosidad para que aprendiera los programas de diseño y así echarles una mano en su trabajo. Y así fue como estuve varios veranos, entre curso y curso, diseñando y componiendo carteles y folletos de publicidad, tarjetas comerciales, libros de fiestas, etc. junto a ellos, a Felipe y otros más. Fue mi primer trabajo remunerado. Eso sí, con retribución en especie, pero solía salir contento. El primer verano me gané una bici y podía presumir de tener la mejor entre mis amigos. En los siguientes veranos siempre acababa con u ordenador nuevo, y ello me permitió estar siempre digitalizado, antes incluso de que los sociólogos inventaran el término de ‘nativos digitales’.

Son muchos recuerdos más los que tengo con vosotros durante mi infancia y adolescencia, pero no voy a extenderme más, por el momento, porque no tengo intención de cansar a los invitados que hoy os acompañan. Sin embargo, quiero recordar dos más, que no son los más importantes, pero sí de los más memorables para mí. El primero es, que gracias a mi hermana Marivi, yo vi por primera vez el mar, cuando nos llevó a mi madre y a mí a Benicasim y Peñíscola. El segundo es, que gracias a mi cuñado a Antonio, que fue el que me llevó, pude ver en el Bernabeu el partido más emocionante que yo recuerdo del Real Madrid. Fue ―que me perdonen los aficionados del Barcelona aquí presentes― aquel en el que el Madrid le metió 5 al Barça, el 7 de enero de 1995. Él tampoco lo olvidará, se vino el doble de contento porque además cantó un bingo. Como veis, Antonio, Marivi, son éstas y otras muchas cosas más las que os tengo que agradecer.

Si antes he dicho que Marivi y Antonio fueron para mí como unos padres, menos extraño debe resultar si digo que en su casa siempre me he sentido ―y me siento― como en la mía. Lo mismo que yo piensa Rosa Elena, para los que vosotros, desde hace mucho ya, sois también su familia. Estoy seguro de que cualquiera, ya sea de la familia por parte de Antonio, como de la nuestra, e incluso muchos de vuestros amigos, piensa lo mismo que yo sobre que vuestra casa siempre está abierta y nos acoge como la nuestra. Es tanto así que ya hace tiempo que a San Roque, nº 4 lo denominé ‘La Sede’. Ya sabéis a lo que me refiero. En vuestra casa hemos pasado incontables momentos de reunión con la familia. Memorables y tradicionales son las cenas de reyes. Allí hemos visto y celebrado las victorias de la Selección Española de la Eurocopa y el Mundial donde fuimos campeones, y que tal vez podamos volver a repetir en estos días.

Voy a terminar con un deseo y una definición del amor. El deseo para vosotros no es sólo mío, sino de todos los que os acompañamos hoy aquí: que sigáis juntos muchos años más, y que todos podamos disfrutar de momentos cómo los que acabo de recordar.

En cuanto a la definición del amor, no voy a traicionar mi pretensión inicial de no caer en la lírica romántica. La definición del amor que yo os propongo, lejos de idealismos platónicos, se encuentra más en lo cotidiano de la vida real y se basa en la importancia del respeto. Pero no por ello, debe entenderse como un mero ejercicio de pragmatismo. No hay verdad absoluta, pero sí mejores maneras de acercarnos a ella. La definición del amor que yo os propongo es la que un día le oí al filósofo español Javier Sádaba, y dice así:

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«El buen amor es estar con una persona con la que puedes vivir muy a gusto, que ella pueda aceptar tus manías, tú las suyas, que aunque no sea necesario vivir con ella, es tal lujo, que no quisieras nunca dejar de vivir con esa persona, que vas recordando el pasado de tal manera que lo recreas y gozas mucho, y que piensas que hay una confianza tal que el futuro está siempre, si no hecho para ti ―puesto que del futuro no sabemos nada― sí tú con la otra persona puedes encarar con mucha tranquilidad el futuro».

(Javier Sádaba en Pienso, luego existo, La 2, emitido el 03/08/2012)

Rubén Crespo Gómez
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Discurso pronunciado en la celebración de las Bodas de Plata de Marivi y Antonio en el Salón Peña ‘El Bullicio’, Portillo de Toledo, a 16 de junio de 2012

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