Cura para ingenuos en las sociedades corporativistas

Las sociedades en las que nos ha tocado vivir –evidentemente hablo sobre las sociedades occidentales ‘desarrolladas’– han recibido últimamente muchas denominaciones y calificativos: sociedad de la información, sociedad científico-tecnológica, sociedad de post-industrial, sociedad hipermoderna, sociedad del conocimiento, sociedad del consumo… Pero hay una que me parece muy destacable: sociedad corporativa o sociedad corporativista. Pero no entendidas estrictamente como corporativismos (concepto sociológico de funcionalismo estructural), sino como la sociedad de las empresas, donde -como dice Zygmun Bauman- el Poder se ha divorciado de la Política; es decir, donde las grandes corporaciones transnacionales, difíciles de ubicar en un lugar geográfico determinado, ostentan hoy un poder inconmesurable, tanto en el panorama económico como en el sociopolítico y cultural. Como cura contra la ingenuidad, quiero dejar hoy un par de vídeos que ilustran muy bien esto que quiero decir.

El primer vídeo es una de las mejores escenas de la película Network, un mundo implacable (Sidney Lumet, 1976). Un análisis sobre el poder de la televisión, que retrata un mundo competitivo donde el éxito y los récords de audiencia imponen su dictadura. Howard Beale, veterano presentador de un informativo, es despedido cuando baja el nivel de audiencia de su popular programa. Sin embargo, antes de abandonar la cadena, en una reacción inesperada, y ante el asombro de todos, anuncia que antes de irse se suicidará ante las cámaras, pegándose un tiro en directo. Este hecho sin precedentes provoca una gran expectación entre los televidentes y los propios compañeros de Howard. La escena que enlazo es el “cruel orden natural de las cosas” en las sociedades corporativistas.

El segundo vídeo reproduce el discurso que Salvador Allende pronunció en 1972 en la ONU, donde no sólo denunciaba la hostilidad de EEUU, sino para denunciar algo mucho peor: la falta de control sobre las multinacionales y su papel nefasto en lo que hoy se conoce como la dimensión negativa de la globalización. Era el capítulo anterior del neoliberalismo que hoy gobierna el mundo. Si esta última afirmación es muy contundente, al menos se deberá reconocer que las grandes corporaciones transnacionales ejercen una poderosa influencia en la gobernabilidad de los estados a escala global. (Véase: lobbying, o cabildeo en su terminología española).

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