¿Habrá un equipo español en la Final de la Champions?

¿Habrá un equipo español en la Final de la Champions?

La pregunta es digna de encuesta, y se debería hacer en tres niveles de estratificación: la de la afición madridista de toda España, la de la afición barcelonista en Cataluña y la de la afición barcelonista del resto de España.

Dos imágenes de de sentimientos nacionales encontrados entre las aficiones madridistas y barcelonistas.

Me llama mucho la atención cuando en casi todos los medios de comunicación hablan de que, al margen de lo que han significado los clásicos Madrid-Barça, habrá un equipo español en la Final de la Champions. Tal afirmación no está exenta de conflicto. Claro algunos dirán –Ya estamos mezclando deporte con política… No es ilícito afirmarlo, pero cuanto menos exige cierta crítica razonable, si se presta la suficiente atención al fenómeno que acaece en la Final de la Copa del Rey, cuando suena el himno nacional, unos cantan ‘¡Que viva España!’, los otros silban hasta la saciedad para acallar tal himno. Y por el nivel de ruido que alcanzan tales silbidos no son unos pocos. Ya se demostró en otra final que enfrentó al Barcelona con el Athletic de Bilbao (en este caso ambas aficiones) . Me pregunto hasta qué punto hay un sentimiento antiespañol en estas manifestaciones. Si el Barcelona es más que un club, los Madrid-Barça van más allá de la mera rivalidad deportiva.

Durante todos estos días, entorno a los clásicos, se han podido ver cruces de opiniones variopintas donde unos intentan desprestigiar al contrario, otros se enorgullecen de su equipo, etc. Pero en estos enfrentamientos nunca faltan comentarios del tipo: “ojalá se mueran todos los catalanes…” o al contrario, lo cual me parecen afirmaciones muy graves y desafortunadas. Y esto ya no es rivalidad deportiva, ha pasado a un plano político-nacional. Por tanto cuando los medios dicen -por el Barcelona-: “un equipo español jugará la final”, aunque se haga inconscientemente, estas palabras tienen cierta provocación en muchos aficionados que van más allá de lo estrictamente deportivo. Tanto para los de un lado como para los del otro. Si a unos les molesta que digan que el Barça es español cuando se manifiesta con silbidos en contra del himno nacional y no suelen ver banderas españolas en sus celebraciones cuando ganan títulos internacionales; a los otros no menos conflicto les generará cuando les cuelgan el papel de representar a un país del que parecen no sentirse orgullosos.

Ya me gustaría que esto no fuese así, y que tal rivalidad quedara en lo puramente deportivo. Al margen del conflicto político-nacional, en lo deportivo es en lo que creo que se basan los miles de aficionados del Barça repartidos por toda la geografía española que no sea Cataluña. Pero no puedo por menos que hacerme la siguiente pregunta: ¿Qué se piensa el aficionado barcelonista de Albacete, el de Valladolid, o el de cualquier parte que no sea Cataluña, cuando se realizan este tipo de manifestaciones antiespañolas en los campos de fútbol como silbar al himno de España? ¿Se pueden sentir cómplices de una afición así?

Quiero dejar bien claro que yo no tengo ningún tipo de conflicto político-ideológico con los catalanes y no deseo nada malo para ellos aunque el Barça le meta 5 (como si son 10) al Madrid. Para mí el respeto y la libertad de expresión es lo primero. Sería ingenuo pensar que la rivalidad del Madrid-Barça sólo se queda en lo deportivo. Es cierto que se puede estar más o menos orgulloso de una región, de su historia, de sus ideales, etc. y que tales sentimientos emerjan en pugna cuando hay un partido de fútbol, pero de ahí que los antagonismos trasciendan radicalmente por vías de identidad nacionalistas y excluyentes entre ambas, cuanto menos obliga a realizar una reflexión sobre un fenómeno sociológico nada bueno. Por eso pienso que los clubes tienen responsabilidad ante estas tendencias perversas. Independientemente de las disputas por los errores arbitrales, de los debates estratégicos dudosos en el campo y de tantas más a las que atienden los clubes, deberían realizar un ejercicio de compromiso para que este tipo de rivalidades deportivas no trascienda a conflictos sociopolíticos sangrantes y no se usen como excusa para escarnecer todo tipo de improperios cuyas consecuencias tienen gran probabilidad de acabar en actos violentos y resentimientos crónicos.

La encuesta que propongo al principio nos confirmaría en cierto modo hasta qué punto es cierto lo que intento reflejar en este artículo. Claro está, que de llevarla a cabo y a partir de las conjeturas sobre lo observado se intentería buscar posibles respuestas a tal fenómeno sociológico.

Rubén Crespo

4 de mayo de 2011

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